Bueno, después de unas “breves” vacaciones y de mucho pensar esto del blog, intentare retomarlo, básicamente porque me resulta inevitable no desahogarme hablando y hablando de pelis maravillosas que me encantan.

Nunca había hablado hasta el momento de Hitchcock. Y confieso que no lo he hecho porque aun me siento “verde” en eso de su cine. Es tan tan (sí, dos veces) amplia su filmografía, que creo que aun me queda muchísimo por ver.

Una vez aclarado esto, hablaré de lo que he visto, de lo que me ha llegado, de lo que me ha quedado grabado y de lo que Hitchcock representa para una humilde espectadora aficionada al cine.

Creo que debería existir, si es que no existe oficialmente, un género cinematográfico que se llame Hitchcock. Es decir: cuando te hagan esa “mítica” pregunta aburrida y simplificadora de “de qué va la película”, tú respondas con una sola palabra: Hitchcock. Facilitaría el trabajo y el esfuerzo que requiere describir un film del maestro Alfred Hitchcock. Un mosaico de sensaciones, temas, innovaciones, y multitud de características que solo se asocian a las películas de es este genio y figura del cine, quedarían simplificadas en una sola palabra que trasmite muy claramente todos los matices y pinceladas que este género presenta.

Su obra es sencillamente extraordinaria. Y lo es precisamente por eso: se sale del orden habitual del cine y sorprende al espectador en todas sus películas. Un apasionado de “hacer películas”, que plasma su pasión por este mundo en cada escena y en cada segundo de su obra. Sus films alcanzan la cuota de perfectos gracias a la unión mágica de su talento técnico y la sensibilidad y profundidad de sus personajes e historias absolutamente sensacionales. Un genio del suspense que hace que te enganches a sus películas desde el primer instante: su música, sus escenas de miedo sublimes con silencios que te machacan los nervios, sus clásicas escenas donde el protagonista conduce un coche (siempre insinuando “algo mas” que aumenta tu expectación), su mítico James Stewart perturbado y sufridor, sus planos lejanos donde hay muchas cosas y donde de repente descubres un pequeño detalle escondedor, sus escenas finales detonantes de todo el hilo conductor...

Nombres como: Los Pájaros, Vértigo, Psicosis, La ventana indiscreta, Extraños en un tren, 39 Escalones, El hombre que sabía demasiado, Con la muerte en los talones, La soga… Son títulos que forman parte de las más grandes obras del mundo del cine. Me resulta imposible describir cada una de ellas porque son tan únicas y distintas a cualquier cosa, que diga lo que diga me sentiría insatisfecha y sería insuficiente.

Conocido como “El maestro del suspense”, creo que Hitchcock no solo contribuyó a desarrollar esta temática. Su influencia llegó hasta el último el recoveco del mundo cinematográfico, y grabó su nombre para siempre en cada uno de esos rincones, para así pasar a formar parte de nuestra cultura actual y de nuestra historia más reciente.

Creo Fraçois Tuffaut lo describió genialmente en su libro El cine según Hitchcock: “El hombre había muerto, pero no el cineasta, porque sus películas no dejarán de circular, difundidas por todo el mundo, desafiando el paso del tiempo”