Ayer me apeteció recordar un peliculón que había visto hace años: me refiero a “Terciopelo Azul” de David Lynch.

Y la vi otra vez, y me volvió a impactar. Es una película casi tan extraña como fascinante. David Lynch es un genio en crear un mundo oscuro y perverso dentro de otro “normal”. Desde el primer minuto de película los hechos son “raros” en el sentido de inesperados y siniestros, lo cual hace que te enganches hasta el final. La primera imagen de un idílico barrio, es rápidamente descolocada con la imagen de la oreja cortada y comida por las hormigas en medio del césped.

Es una historia perversa. Todo el film está envuelto en un ambiente oscuro y misterioso, con personajes aun más raros. Dennis Hopper esta simplemente brillante. Solo hace falta ver su primera escena en la película para comprobarlo. Isabela Rosellini crea un personaje único, igual de desquiciado como desgarrador. Y como no, Kyle MacLachaln en el papel del pobre Jeffrey que tanto nos angustia con su sufrimiento “coherente” diferente al de los demás personajes.


Yo creo que la magia de Terciopelo azul está en que David Lynch la construye de una manera única. El hilo conductor es sencillo: un misterio que hay que resolver. Sin embargo, su historia es compleja. Desde el primer momento los hechos son extraños y extremos, y eso atrapa. Minuto a minuto la historia se va tornando cada vez más tétrica, más monstruosa, más dolorosa. Y a todo esto se le suma un torrente de escenas impactantes, tan anormales que cuesta entenderlas. La carga sexual, el placer y la humillación física, perversión y trastornos mentales, violencia… todo esto está presente en unas dosis enormes.

Pero todo este abanico de emociones no formaría parte de una obra maestra si no estuviera hecho por la genial mente de David Lynch. Es lo que tiene su cine. Es capaz de enseñarnos lo monstruoso, lo siniestro y maligno que hay dentro de un mundo “idílico”. Y todo esto, hecho con CALIDAD.

A este retrato que Lynch hace de de lo terrorífico, hay que sumarle el SENTIDO MORAL ISTA de la película: Terciopelo azul empieza y acaba igual, como si toda la historia vivida hubiese sido una “pesadilla” de la que debemos despertar y olvidarnos. El adentramiento en ese mundo horrible es necesario para llegar a la verdad. Una vez conseguida, la idílica situación se repite, y la vida “normal” vuelve.

No sé si este sermón que Lynch quiere trasmitir se cumple o lo idealiza demasiado. Pero sí sé que Terciopelo azul alcanza tal nivel de complejidad y calidad que este mensaje moralista (tan simple al final) se queda en un segundo plano. Lo exquisito y atrapante está en sus escenas, sus ambientes, sus interpretaciones, su música… y en esas pinceladas y matices propios del genio Lynch, que son difíciles de explicar.

Toda una obra maestra que demuestra una vez más que existe cine de calidad al margen de las superproducciones monotemáticas. Imperdible